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Muchas veces las personas que no están familiarizadas con
la meditación, asocian esta disciplina con la figura de un hindú con las
piernas cruzadas en una actitud pasiva, pero realmente hay mucho más que
eso en el acto de meditar. Aunque meditar exige concentración, no
solamente lo podemos hacer sentados o acostados, sino que también son
muy populares las meditaciones dinámicas que incluyen técnicas tales
como la meditación caminando o el hatha yoga.
El meditar tiene efectos profundos a niveles físicos y
mentales. En el nivel físico propicia una relajación profunda de los
músculos y el sistema nervioso, llevándonos a un nivel de calma y
profundidad que nos capacita para enfrentar con mucha más eficiencia las
tares diarias y algunos desafíos desagradables que no hay forma de
evitar en nuestras vidas. En el nivel mental, la meditación tiene
profundos efectos a nivel subconsciente y su práctica asidua va
desalojando de nuestra psiquis miedos, traumas, antiguos dolores y
heridas emocionales muy difíciles de identificar mediante abordajes
puramente intelectuales.
No es extraño encontrar personas que luego de haber
practicado yoga o meditación durante un tiempo, manifiestan haber
superado ciertos temores o traumas sin haber hecho esfuerzos
específicos para lograrlo. La explicación es que nuestros miedos tienen
causas subconscientes y como estas causas están enraizadas en niveles
muy profundos, simplemente no las conocemos. Estas causas o semillas de
tristezas, dolores, comportamientos compulsivos y miedos incontrolables
fueron llamadas “samkaras” en sánscrito y en la literatura más moderna
se las denomina “latencias del subconsciente”.
En realidad la mecánica de la meditación es muy sencilla
y simplemente consiste en estar atento a algo. Ese “algo” a lo cual
estamos prestando atención durante la meditación se lo denomina
“soporte”, y cada vez que nuestra mente se distrae, nuevamente se la
enfoca sobre el soporte u objeto de la meditación. Toda vez que durante
la meditación aparecen miedos, disgustos, proyecciones o cualquier otra
cosa, suavemente se ordena a la mente a concentrarse en el objeto de la
meditación. Cuando la atención en el soporte se vuelve sostenida, las
latencias del subconsciente se van agotando, y la persona comienza a
sentirse mejor, ya que algunos fardos muy pesados se van de nuestras
vidas.
Los soportes utilizados para meditar son innumerables, y
abarcan desde mantras, respiración, colores, partes del cuerpo, objetos,
conceptos intelectuales, palabras, figuras geométricas y muchos más.
También existen las meditaciones dinámicas tales como caminar, o los
ejercicios del yoga.
Además de las meditaciones tradicionales, muchos maestros
de meditación recomiendan la práctica de estar atento durante todo el
día. Significa tomar conciencia lúcida de todo lo que hacemos, decimos o
pensamos. Aunque parezca muy simple no lo es, y este simple cambio nos
saca del reino de la inconciencia y comenzamos a tener un comportamiento
más armonioso y saludable.
Tomate algo de tiempo y estudia este tema con más
profundidad. Hay recursos de mucha calidad en internet y son gratuitos.
Si por alguna razón estás con tratamiento psicológico o psiquiátrico, no
debes meditar sin consultar a tu médico.
Fuente:
http://www.onsupplements.com
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